Compartir un mate, la Palabra y miles de historias
Desde la ciudad de Chos Malal, en el norte de la provincia de Neuquén, la comunidad misionera salesiana recorre más de 250 km hacia el norte y 150 km hacia el sur con el fin de acompañar a las poblaciones de parajes aledaños.
Estos son alrededor de 25 pueblos y caseríos dispersos, en los cuales viven familias en condiciones de aislamiento y que se sostienen gracias a economías de subsistencia, lo que las lleva a padecer carencias materiales. A estas dificultades se suma un clima riguroso, con temperaturas muy bajas en invierno y veranos calurosos y secos.
Los pueblos y parajes de esa zona de influencia de la Misión salesiana están habitados por comunidades de pueblos originarios, principalmente de ascendencia mapuche, y por familias criollas, que conviven armónicamente entre sí y con su tierra.
El orgullo por su lugar es una sensación que se contagia entre los pobladores, a pesar de que la situación de vulnerabilidad y la falta de oportunidades para estudiar, trabajar y vivir dignamente obligue a muchos jóvenes a emigrar en busca de un futuro mejor.
En este punto la presencia de Don Bosco a través de los misioneros es muy valorada. La acción salesiana hace hincapié en acompañar a chicos, chicas y jóvenes para que encuentren un horizonte de sentido en sus vidas y se comprometan con su comunidad.
Si bien las distancias entre los pueblos son grandes y los caminos complejos – de piedra y ripio, llamados “pedreros” – jamás falta la visita casa por casa por parte de los misioneros. En esos encuentros se comparte un mate, la Palabra y miles de historias.
Es que la vida tiene mejor color si es compartida. Esto se acentúa en regiones donde el día a día se topa con obstáculos difíciles de sortear. Por eso Don Bosco, a través de los misioneros salesianos, se hace presente donde más se necesita, allí donde nadie llega.
