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NAVIDAD: Encontrar a Jesús en los pesebres de hoy

Como Jesús, podemos hacernos carne en las necesidades de los más vulnerables.

Jesús se hizo carne en la carne de la humanidad: "Llegó a existir en calidad de carne" en un momento determinado de la historia (Jn 1,14). En la Navidad hacemos memoria de este acontecimiento histórico.

Que Jesús se haya encarnado en la historia nos muestra una faceta importante de la Trinidad: la Kenosis, el abajamiento. En efecto, que Dios se haya encarnado muestra una solidaridad inaudita con la humanidad que se encontraba “caída” en el pecado: se hizo uno de nosotros en todo, menos en el pecado. Asumiendo la fragilidad de la carne Dios nos salva. Este es el significado teológico más profundo de la Navidad.

Para nosotros, no obstante, el significado de la Navidad está muy vinculado al Pesebre de Jesús, resignificado en los humildes pesebres actuales, en las comunidades más vulnerables de San Nicolás, Zárate, La Rioja y el resto del país.

Jesús se hizo cercano a nosotros asumiendo la carne humana; nosotros podemos hacernos carne en las necesidades de los hermanos y hermanas más pobres y necesitados, especialmente niños, niñas, jóvenes y adultos mayores. Revalorizando la experiencia de cercanía de Jesús con nosotros, no admitamos que en Navidad muchos estén solos sin el amparo de la solidaridad.

Nadie se salva solo, que nadie este sólo esta Navidad

La salvación, cualquiera sea, es un don y acontece en el marco de una comunidad. Es un don para hacer fructificar con otros, entre otros, para beneficio del nosotros-comunidad.

La crisis provocada por la pandemia puso de manifiesto que la salvación es comunitaria. Porque no es relegando a los otros que podremos salvarnos sino siendo solidarios. Nos salvaremos juntos.

“Estamos todos en la misma barca y somos llamados a remar juntos” (papa Francisco en Plaza de san Pedro, 15/03/2020).

Como Jesús, José y Maria en el pesebre, nos sentimos frágiles y desorientados, más vulnerables que nunca ante el empobrecimiento, la angustia, la enfermedad y la muerte. Pero ese Jesús fragil y pequeño, indefenso y expuesto a la intemperie y la desprotección, nos muestra la ternura y el amor de Dios que se hizo carne.

En esta Navidad, no estemos solos ni dejemos a nadie atrás. Con Jesús, cada uno de nosotros podemos hacernos “próximos” y estar cerca de los que sufren, transformando una Navidad solitaria en una solidaria.