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16 de noviembre, 2017

16 de noviembre: Día Internacional para la Tolerancia

Tolerancia es aceptar lo distinto pero también reconocer la riqueza que aportan las diferencias. Leyes, moral y ética en juego, con base en la educación.

Tolerancia es aceptar lo distinto pero también reconocer la riqueza que aportan las diferencias. Leyes, moral y ética en juego, con base en la educación. En 1995 la UNESCO diseñó la Declaración de Principios sobre la Tolerancia y un año después la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 16 de noviembre como la fecha para trabajar y resignificar este valor.

¿Qué es la tolerancia?

“La tolerancia no es indulgencia o indiferencia, es el respeto y el saber apreciar la riqueza y variedad de las culturas del mundo y las distintas formas de expresión de los seres humanos”. La anterior es la definición que brinda la ONU, a lo que agrega que “reconoce los derechos humanos universales y las libertades fundamentales de los otros”.

¿Por qué tolerancia?

Todos somos humanos, por lo cual tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones. Ni el país donde se nace, el grupo étnico al que se pertenece, la ideología que se defiende, la religión que se practica ni ningún otro factor significa que alguien tenga menos derechos o valga menos que otros. ¿A quién se le ocurriría desmerecer a otro porque le gusta más el café que el té? A nadie, ¿verdad? ¿Entonces por qué alguien valdría menos por tener otra religión u otro color de piel? La tolerancia implica una actitud pero también una forma de ver y actuar en el mundo. Es aceptar que el otro es diferente, que cada persona es un mundo. Pero es más también. Permite entender lo bueno de estas diferencias. Comprender al otro es también valorar que no sea como uno, gracias a lo cual todos nos complementamos y hacemos un mundo lleno de riqueza cultural.

Educación como la raíz

Este valor se construye y se impregna desde la educación. No sólo en la escuela, sino en todo ámbito. Durante toda la vida la formación en valores es lo que nos permite vivirlos. De hecho, uno de los factores que más alimenta la intolerancia es la ignorancia. La ignorancia de no conocer al otro y prejuzgarlo. Lo que provoca otro factor: miedo. El miedo de, justamente como uno no se anima a conocerlo, mejor tenerlo lejos por las dudas. Para construir y compartir un mundo tolerante también es necesario el compromiso político y la sanción y cumplimiento de leyes. Y en este punto entra en juego lo legal así como lo moral y lo ético. Hoy la crisis de migrantes atenta contra la tolerancia y nos muestra un mundo desunido y quebrado. Pero también en nuestra vida diaria muchas veces cerramos la puerta y miramos desde atrás de la ventana al que no es igual. La educación centrada en el respeto al otro y la valoración de la diversidad son los que hacen a una persona tolerante. Una formación que parte tanto de centros educativos como desde la familia y los círculos íntimos.    

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