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NOTICIAS / Educación

11 de agosto, 2017

Casa, patio, escuela

Resulta difícil, por no decir imposible, encontrar a alguna persona o institución que dude de la importancia del acceso a la educación como un elemento clave para el desarrollo económico, social y cultural de la sociedad.

La educación cambia y transforma a las personas, pero ¿por qué? Como educadores estamos convencidos de que la Formación-Educación hace el cambio, y esto ocurre porque es incluyente y en la trama de la comunidad educativa se reconocen y se potencian las diversas condiciones individuales.

La Formación-Educación hace el cambio porque atendiendo a los más sencillos acercamos a los últimos la mesa que debe alcanzar para todos y animamos esperanza, pues en la persona de cada joven hay un germen irreductible de bondad que, en un ambiente justo y propositivo, puede dar fruto. Los salesianos de Don Bosco y la Familia Salesiana promovemos diversas presencias y obras al servicio de la juventud, desde patios abiertos que empatizan naturalmente, hasta ofertas específicas para el mundo del trabajo en numerosos ámbitos técnicos y humanistas. En estos espacios habitan y se mueven sueños que tienen nombre, son rostros concretos e historias que con la oferta adecuada y la compañía justa pueden realizarse. Sin acudir a tecnicismos y a definiciones de escuela, recurro a las palabras que en nuestra espiritualidad específica describen nuestros ambientes educativos en respuesta a la necesidad de desarrollo de la persona del joven:

Ofrecemos un ambiente que es “Casa”, pues no hay educación posible si esta no reconoce el nombre del otro; personalizamos, recepcionamos y vinculamos a una experiencia cálida y familiar que acepta y corrige con afecto. Ofrecemos un ambiente que es “Patio”, apertura total ordenada al autoconocimiento, a la construcción de confianzas, al nacimiento de la amistad. Ofrecemos un ambiente que es “Escuela que forma para la vida”, pues en la flexibilidad de los legítimos procesos personales, ofrecemos proyectos, itinerarios que, a la par de la formación humana, saben entregar herramientas para el trabajo. Don Bosco fue el primer maestro, sastre, zapatero, encuadernador de los jóvenes que necesitaban ganar honradamente el pan. Ofrecemos un ambiente que es “Iglesia”, pues tenemos la memoria de que la gesta educativa de Don Bosco empezó siendo una sencilla catequesis, porque no hay prédica del Evangelio real si no presenta a Jesús, que es meta e inspiración para el desarrollo de todo el hombre.

Desde nuestro lugar y misión, con y para los jóvenes, aportamos a la construcción de la sociedad que anhelamos formando y educando para un cambio que empezó cuando Don Bosco le pregunta a un jovencito temeroso y hambriento si sabía silbar. Se llamaba Bartolomé y desde este primer nombre a la fecha ya hay cientos de miles y podemos todavía agregar más.

Mauricio Montoya

Rector del Instituto Superior de Estudios Teológicos

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