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14 de septiembre, 2017

Educación del Futuro: ¿Cómo preparar a los jóvenes para lo que viene?

En un mundo globalizado y conectado donde la tecnología cada vez es más eficiente y necesaria, la pregunta que se nos viene a la cabeza es: ¿estamos preparando a nuestros jóvenes para el futuro?

En esta educación del futuro o educación para el futuro no sólo debemos proporcionar el conocimiento necesario sino que debemos entender las competencias y características que deben ser estimuladas y enseñadas para los trabajos del futuro.

¿Cuáles pueden ser?

Actitud: la ambición puede incrementar notablemente las oportunidades de muchos jóvenes. La voluntad de aprender, el interés y el compromiso son características que se destacan y que aseguran que el candidato sea capaz de cumplir con sus objetivos.

Valores: los valores personales pueden marcar la diferencia en un grupo de trabajo o en toda una empresa, así como influir en la forma en la que las decisiones son tomadas.

Vocación: la gran mayoría de los jóvenes no tiene nada claro a qué se quiere dedicar profesionalmente. Enseñar a los jóvenes a reflexionar sobre su papel en la sociedad y su camino les ayudará a adquirir mayor autonomía y confianza para buscar su sitio en el mercado de trabajo.

Habilidades: posicionarse en el mercado de trabajo no sólo es cuestión de formación académica. Muchas veces son aún más importantes otras habilidades complementarias, también conocidas como competencias transversales. ¿Ejemplos? Comunicación interpersonal, las habilidades de negociación, la capacidad de presentar ideas de forma clara. Este tipo de habilidades deben ser estimuladas a lo largo de la vida académica del estudiante.

Experiencia: no significa haber trabajado en otra empresa sino más bien actividades pasadas que puedan ser transferidas a la situación actual. Actividades extraescolares, programas de entrenamiento, asociaciones, grupos o blogs; como formas de adquirir conocimiento y experiencia, deben ser estimulados.

Curiosidad: estimular la búsqueda del conocimiento e involucrar a los jóvenes en cosas nuevas de manera regular hará despertar su interés en determinadas actividades. La curiosidad intelectual de los jóvenes los conduce a estar más informados y dispuestos a crecer profesionalmente. Cuanto más inspirados y motivados estén, más espacio para explorar, crear e innovar encontrarán. La curiosidad se puede insertar en la escuela y la rutina académica a través de actividades no convencionales como desafíos, lecturas, presentaciones, entre otras.

Adaptación: cambiar el contexto en el que ponemos a los jóvenes es importante. El mundo corporativo opera de manera diferente a la mayoría de las escuelas y universidades, por lo que la formación de los jóvenes debe suavizar esta adaptación, teniendo en cuenta la diversidad cultural y social así como las diferencias entre distintas empresas y mercados. En un mundo vertiginosamente cambiante, animar y ayudar a los jóvenes a adaptarse a diferentes entornos y desafiarlos continuamente los convierte en personas más ingeniosas y creativas. Esto les abre un amplio abanico de posibilidades para el futuro.

Fuente: www.goconqr.com

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