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20 de noviembre, 2017

Jugar y aprender, dos caras de un mismo fin

El juego y la recreación son más que una distracción, son un espacio educativo y de contención para todo joven. Crear y cuidar este espacio es imperativo.

El juego y la recreación son más que una distracción, son un espacio educativo y de contención para todo joven. Crear y cuidar este espacio es imperativo.

Es común, en la cotidianeidad, separar educación y formación de lo que es el juego. Hay momentos para aprender y hay momentos para jugar. El desafío entonces es ver el juego de aprender y el aprender en el juego. Se trata de una fórmula que se lee de atrás para adelante y de adelante para atrás. Veamos.

El juego de aprender

Seguramente muchas de las cosas que uno sabe y recuerda se escucharon o leyeron en contextos de comodidad y de bienestar. Es común que no nos acordemos de un dato que leímos nerviosos y estresados en un libro una y otra y otra vez y, sin embargo, no nos olvidemos más lo que un amigo nos contó en la plaza sobre la influencia de la Luna en las mareas. El aprendizaje es mucho más útil y eficaz si se da en una situación donde el que se forma se siente cómodo y relajado, disfrutando la situación y el proceso de conocer. A esto hay que sumarle que la separación radical entre uno que enseña y otro que aprende no es tan rígida y es necesario promover el intercambio, la participación mutua y entender que tanto uno como otro son personas y por eso son vidas, pensamientos, historias personales, ideas.

Aprender en el juego

A veces parece instintivo asociar un momento de recreación y una actividad que implica desplazamiento del cuerpo con distracción. Como si el momento de juego fuera un paréntesis en la vida con el que todo lo que pase antes y después no tiene relación alguna. Por eso también se naturalizan frases como “lo que pasa en la cancha queda en la cancha”, como si fuera un espacio en el que cada uno se transforma en otra persona y donde el modo de ser y los valores cotidianos se dejan en el banco de suplentes. El juego y las actividades recreativas son un invaluable espacio de formación y aprendizaje. Tanto de las reglas de juego como de valores y formas de relacionarse con los pares. También son una herramienta fundamental con la que cada chico y chica va formando su personalidad, va descubriendo sus virtudes y defectos y, no menos importante, va conociendo y aceptando su cuerpo.

El deporte no es sólo para quienes lleguen a las grandes ligas y sean profesionales. Es para todos los jóvenes que pueden así llevar una vida saludable y crecer y aprender contenidos, cuidados e integrados. Son múltiples los beneficios que aporta el juego  y en combinación con otros espacios de formación formal y no formal se logra construir una educación integral y de calidad. “Mente sana en cuerpo sano”. Uno y otro se retroalimentan. El deporte y el juego son sistemas preventivos .Brindan oportunidades, enseñan valores, desarrollan capacidades de interacción y proyectan sueños.

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