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14 de octubre, 2017

Que ellos no se queden solos

Cientos de chicos y chicas de distintas edades y barrios se reunieron en Plaza de Mayo para discutir problemáticas que los afectan y dejar su voz plasmada.

Cientos de chicos y chicas de distintas edades y barrios se reunieron en Plaza de Mayo para discutir problemáticas que los afectan y dejar su voz plasmada.

Los jóvenes de todo el mundo necesitan el sostén y la ayuda para poder crecer llevando una vida sana y segura. Pero ellos tampoco se quedan quietos y aportan su propia voz para que haya más oportunidades para todos.

Por eso el miércoles 4 de octubre se realizó el Primer Congreso Nacional de Pibes y Pibas. Chicos y chicas de distintas edades y barrios se dieron cita e hicieron valer sus reclamos y opiniones.

Los participantes se juntaron en Plaza de Mayo, donde debatieron problemáticas y aportaron ideas. Luego las plasmaron, junto con propuestas, en un documento que llevaron hasta el Congreso Nacional.

El eje pasó por la comunidad y por eso fue “El barrio que tenemos y cómo nos organizamos”. Desde allí se pusieron sobre la mesa cuestiones de educación, vivienda, alimentación, trabajo, salud, entre otras.

¿Qué estamos haciendo por nuestros pibes?

Los datos que aportan distintos organismos, como el INDEC, la Universidad Católica Argentina (UCA) y Unicef son preocupantes y hacen necesario moverse y ayudar.

Según INDEC (informe del segundo semestre del 2016) la mitad de los chicos y chicas son pobres y sus hogares no pueden costear la canasta básica de alimentos y servicios.

1,3 millones de jóvenes, el 10,8 % de la población menor de edad, crecen en la pobreza extrema.

En cifras de Unicef, 47,7 % de los menores de 18 viven en la pobreza (5,6 millones de personas). Dentro de ese grupo, entre los 13 y los 17 años el índice de pobreza sube al 51 % y en hogares con padres desocupados al 84,8 %.

Por parte de la UCA las cifras son similares. Casi seis de cada diez menores de 18 son pobres. Son unos 7,6 millones de jóvenes, el 59 % del total.

Las carencias más fuertes se dan en vivienda y salud, con el 25,2 % y el 22,7 % de los jóvenes sin un nivel mínimo digno. Además, el 22,1 % de los que viven en zonas urbanas comparte cama o colchón para dormir (dato de Unicef).

Conseguir trabajo se vuelve todo un trabajo

Los jóvenes con dificultades para acceder a un empleo son el 53,9 % del total, sumando unas 2.480.000 personas. El desempleo juvenil triplica la tasa general.

Además seis de cada diez tienen un trabajo precarizado, sin aportes ni obra social. En tanto, 860 mil personas entre los 18 y los 24 años no estudian ni trabajan.

Sin educación no hay oportunidad

Un punto importante es el papel central que cumple la educación. Cuando los padres tienen menos de seis años de educación, la pobreza infantil alcanza el 72,5 %.

En cambio, cuando el jefe de hogar tiene un trabajo formal o más de doce años de educación, la pobreza es cuatro veces menor.

En este punto otro dato es que el 50 % de las personas en ese rango de edad no termina la secundaria, siendo alrededor de 500.000 chicos y chicas.

Por último, al 42,5 % de los menores en 2016 nadie les leyó o contó un cuento y el acceso a libros tiene un déficit importante. Esto solamente perjudica su aprendizaje y formación y alimenta la desigualdad y las brechas sociales.

Como se puede ver hay números que preocupan y duelen. Pero ojalá también sean cifras que movilicen e impulsen a hacer algo para cambiar un poco la situación actual.

Todo joven necesita (y merece también) una vivienda digna, educación de calidad y la posibilidad de trabajar. Cada uno debería preguntarse: ¿qué hice hoy para que otro chico tenga hogar, escuela y/o empleo?.

Los pibes y pibas también lo saben y por eso organizaron el Primer Congreso Nacional. Ojalá que todos unamos nuestras voces, nuestras manos y nuestros corazones a su causa.

Es un camino de inclusión, integración y oportunidades para todos. Sólo hay una forma de ver ese camino: construirlo.

 

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