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1 de Noviembre de 2019

Nelson, un joven que forma parte del CEMOE de Junín de los Andes, comparte lo que vive allí: “Esta escuela me ayudó a ir cambiando”.

Nelson tiene 17 años y es oriundo de Linares, una comunidad mapuche en la zona rural de Neuquén. La misma queda a 65 km de Junín de los Andes, ciudad en la que el joven forma parte de la propuesta salesiana del CEMOE Ceferino Namuncurá.

“La directora y el Padre David nos van a buscar los domingos, nos quedamos toda la semana en el CEMOE y los viernes volvemos para nuestras casas”, cuenta Nelson, que vive en el hogar de esa Casa salesiana, donde también cursa el secundario y el taller de albañilería. “Lo conocí por mi primo”, recuerda.

Sobre la vida en la Patagonia, y en especial en su comunidad, destaca cosas que le gustan y algunas dificultades diarias: “Lo bueno es que es más tranquilo y relajado el campo, menos ruidoso. Lo más complicado es que no llegan algunos servicios como internet, y el clima, principalmente en invierno. En nuestras comunidades nieva mucho y mueren los animales que son el sustento de muchas personas, como el caso de mi abuelo”.

Para Nelson el CEMOE tiene un gran valor en su vida y, si bien al principio le costó adaptarse, hoy se siente muy cómodo: “Cuando llegué extrañé un montón a mi mamá, al campo, pero poco a poco me fui acostumbrando. Hoy me pasa al revés: cuando vuelvo a casa los fines de semana extraño el hogar. Extraño a mis compañeros, porque en el campo no tengo muchos amigos y en cambio en el hogar sí”.

Además de sus compañeros y compañeras, Nelson destaca la presencia de salesianos y voluntarios: “Acá nos acompañan mucho los salesianos como el Padre David y también los voluntarios Lorena, Gabriel y Milagros. Siempre están dispuestos a ayudarte, están ahí cuando estás pasando un mal momento, cuando estás con problemas. Siempre te van ayudar, no te van a dejar solo. Siempre están presentes para escuchar, dar una mano y acompañar”.

En su caso particular comparte que sintió un cambio en su vida: “Yo cuando entré acá no era un buen pibe, digamos… era agrandado. Y esta escuela me ayudó a ir cambiando. También me costaba compartir con otras personas, era más reservado y ahora hago bromas todo el tiempo con mis compañeros. Noto una gran diferencia en mí y lo mismo veo que le pasa a los demás”.

Por último, Nelson “no me arrepiento de nada de lo que viví en el CEMOE. Acá te ayudan a formarte como persona y también a nivel educativo”.


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