NOTICIAS / Emergencia Covid-19

29 de Mayo de 2020

"Aunque resulte inquietante será más interesante el futuro"


Entrevista de ANS a Ariel Fresia, director de Por los Jóvenes - Don Bosco, sobre el coronavirus y la respuesta salesiana.

Ariel Fresia es Salesiano Coadjutor, director de la Procura Misionera (Por los Jóvenes-Don Bosco). En el marco de la emergencia por COVID-19 las Procuras misioneras, alentados por la iniciativa del Rector Mayor, llevan adelante una respuesta coordinada a nivel mundial frente a la actual emergencia sanitaria. Invitamos a Ariel para conversar sobre la pandemia, lo que está provocando en su país y sobre las acciones que están llevando adelante los salesianos en Argentina en el marco de esa campaña.

¿Cuál es la situación de Argentina ante la crisis por Covid 19?

Todos estamos al tanto de la crisis por la que estamos atravesando. La pandemia en el transcurso de pocas semanas y meses está haciendo estragos en muchos países; pero aún no se ha manifestado la magnitud de la catástrofe que puede provocar en los países más pobres y vulnerables de América Latina, Asia y África. Están siendo impactados fuertemente Ecuador y Brasil.

Particularmente en Argentina, las mediadas de aislamiento social, además de evitar los contagios para proteger a la población y disminuir considerablemente la cantidad de muertes, creó enormes problemas económico y sociales. Se nota una gran repercusión en los sectores populares, en trabajadores precarizados y cuentapropistas, en familias de escasos recursos de barrios marginales en grandes ciudades y sus conurbanos, como Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza. Pero también en otros barrios sin recursos sanitarios suficientes y escasa infraestructura. En cambio, en pequeños pueblos y ciudades del resto del país, hay poco contagio y la estadística de muertes es reducida.

¿Cuáles son las acciones que la Procura lleva adelante a nivel nacional?

La Procura misionera continúa trabajando con donantes individuales y alianzas con empresas, que mantienen el nivel de donaciones a pesar de la crisis. Hay mucha gente generosa que sabe que, en situaciones como éstas, las necesidades son más acusiantes aún. Y haciendo esfuerzos continuan sosteniendo sus donaciones. Estamos muy agradecidos de ello, porque de esta manera Por los Jovenes-Don Bosco continúa apoyando la misión salesiana en contextos de vulnerabilidad.

En articulación con el Boletín Salesiano iniciamos una campaña nacional para comunicar lo que hacemos, concientizar sobre la situación de precariedad de muchos y motivar la solidaridad para colaborar con bienes o dinero para seguir sosteniendo todas las iniciativas. Con la campaña nacional vamos a enfrentar la crisis y coordinar la comunicación nacional y los aportes de donaciones para los destinarios más carenciados y afectados por la pandemia. Partimos de una base constituida con fondos aportados por el Rector Mayor para comenzar la ayuda.

Al virus lo enfrentaremos entre todos con mayor solidaridad y articulación de recursos a nivel nacional. A partir de la convergencia de las organizaciones salesianas de alcance nacional, inspectoriales y de las comunidades locales estamos actuando con creatividad. Las comunidades tienen acciones inmediatas de apoyo alimenticio y de ayuda con elementos de higiene y limpieza.

Armamos un “mapa de la solidaridad” en la web www.porlosjovenes.org donde mostramos todo lo que hacemos en el país.

¿Qué están haciendo los salesianos?

Todas las acciones de las casas salesianas se vieron alteradas por la cuarentena decretada por el Gobierno.

Hay mucho sufrimiento en la gente más pobre que no tiene las condiciones mínimas para llevar adelante la cuarentena. Y la imposibilidad de hacer changas o las actividades de recolección y reciclaje en la calle, el trabajo doméstico y muchas cosas más, les impiden el ingreso económico para el sostenimiento diario. Esa gente vive el día a día sin posibilidades ni ingresos ni trabajo estable y, menos aún, de ahorro que les permita sostenerse en este tiempo de aislamiento social y encierro. Imagínate que en la situación en la que estamos las restricciones de acceder al trabajo y al mantenimiento diario impactaron en las necesidades de alimentación.

Por eso el gobierno, ONG nacionales e internacionales, organizaciones de la sociedad civil y nosotros los salesianos nos pusimos a trabajar para hacer llegar alimentos y elementos de higienes personal y comunitaria para ayudar en la crisis. Las comunidades salesianas están muy comprometidas con las autoridades y con la gente a nivel local.

Las casas están cerradas, pero las actividades se siguen desarrollando ¿Cómo viven esta situación?

Las parroquias, escuelas, centros juveniles están cerradas. Las actividades ordinarias del MJS y los oratorios también. Están cerradas pero desbordadas de vida, de entrega, de entusiasmo y de creatividad.

Después del desconcierto inicial, todos hemos emprendido acciones solidarias para llegar a los más necesitados en las realidades locales. Ciertamente que, tomando todas las medidas de seguridad, no se quedaron encerradas y lamentándose de la situación. Con muchas comunidades le hacemos frente a las demandas y necesidades básicas que provoca el COVID-19. Nos quedamos en casa, pero nuestra solidaridad sale al encuentro de los que más lo necesitan

Y es evidente eso. Las comunidades locales están compartiendo las actividades, suben imágenes, textos y posteos en redes para dar a conocer todo el trabajo solidario. La verdad que es mucha la movilización en cada casa, y eso está motivando el voluntariado, la ayuda y donaciones provenientes de los allegados a Don Bosco y de muchos otras personas e instituciones dispuestas a colaborar con una causa nos involucra a todos.

¿Hay salesianos, laicos, laicas y jovenes que estén afectados por el virus?

Entre los religiosos salesianos no tenemos diagnóstico de Convid 19 y las defunciones que se produjeron en este tiempo fueron por otras dolencias no relacionadas con el virus.

Tampoco hay reportes de contagios en las comunidades educativo-pastorales de ambas inspectorías (ARN-ARS). En cambio, una realidad acuciante en nuestras comunidades son los contagios y muertes por dengue. Es una enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti y no es trasmisible entre personas.

Según la información oficial disponible, se registraron más de 25.000 casos confirmados de contagio y 5601 fueron confirmados en la primera semana de mayo. (Telam, 06/05/2010) La mayoría de los casos son de origen local y no registran viaje a los países vecinos, con altas tasas de contagios y muertes (Paraguay, Brasil y Bolivia, fundamentalmente). Las provincias más afectadas son Ciudad de Buenos Aires y Provincia (zona San Pedro ubicada al norte), las provincias Santa Fe, las provincias del litoral (Corrientes, Entre Ríos y Misiones) y en el norte del país, la provincia de Jujuy.

Muchas de nuestras comunidades ya venían trabajando con los sectores de población afectados en esas provincias. Pero la pandemia del Covid 19, por la rapidez del contagio y la alta mortalidad, agudizaron los problemas previos, sobre todo los referidos a la pobreza estructural, la falta de trabajo o el trabajo informal, la urgencia alimentaria y emergencia sanitaria.

Además de afectarse la acción salesiana en el corto plazo: ¿Percibes que la misión salesiana se verá alterada pos pandemia?

Las actividades tradicionales se han visto afectadas. Y seguramente muchas cosas que hacíamos antes, ya no podremos continuar haciéndolas. Las cosas van a cambiar y, quizá, para siempre. Tengo la impresión que sí y mucho.

Quedó a la vista que, en tiempos de incertidumbre y encierro, nuestras comunidades son fuertes y solidarias aún con recursos escasos para enfrentar la crisis. Pero tengo mis dudas respecto de los cambios profundos a los que nos tendremos que enfrentar. Digo profundos porque hacen referencias a las mentalidades y creencias, a los modos de organización y animación, a las practicas pastorales y a los dispositivos pedagógicos. Creo que esto nos llevará más tiempo y que veremos los riesgos de retornos para abroquelarse en ciertas seguridades del pasado. Nos costará dejar cosas, aunque sea evidente durante la pandemia y después de ella, que ya no sirven más.

A las instituciones les cuesta cambiar. En el contexto de alta vulnerabilidad y mutabilidad de las formas conocidas es importante soltar, dejar, abandonar ciertas prácticas y tradiciones que ya son parte del “archivo”; incluso borrar determinadas prácticas sociales que ya no sirven (aunque en algún momento fueron oportunas y apropiadas) y reescribir nuevas gramáticas que habiliten otras formas de organización, de convivencia, de comunicación, de educación y pastoral.

No obstante, hay comunidades, salesianos y laicos y laicas animadores de las comunidades que tienen la vista en el presente difícil y doloroso y también miran expectante a un futuro provocador y por hacer. Aunque resulte inquietante será más interesante el futuro que lo que pasó.

¿Te parece que nos vimos rápidamente inmersos en una nueva realidad, hasta ahora poco transitada?

Todo fue muy rápido. No tuvimos tiempo de prever. Apenas estábamos iniciando las clases en las escuelas cuando el Gobierno anunció la cuarentena. A las demás obras y sectores de la misión, les pasó lo mismo. Sobre todo, afectó fuertemente a aquellas estructuras pesadas y con escasa renovación.

Planteábamos espacios pastorales y tiempos institucionales para siempre; diseñábamos estrategias dentro de un sistema obsoleto, pero en uso; y creábamos dispositivos para un tiempo pasado pero efectivo. Sin embargo, esas estructuras que parecía inmunes a los cambios, están siendo impactadas de lleno y se resienten. Aunque no estoy seguro que las instituciones acusen recibo. Muchos están en “modo espera” de una vuelta a la normalidad, que quizá nunca ocurra. Porque lo que vivimos y lo que vendrá, será distinto a lo conocido y experimentado.

Los acontecimientos tienen una velocidad inusitada, muy distinta a los ritmos de las estructuras y de las mentalidades a ellas asociadas. La pandemia y la cuarentena pusieron en evidencia el desfasaje en el que ya se encontraban muchas de nuestras presencias. Y no teníamos un plan B.

FUENTE: ANS


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