NOTICIAS / Emergencia Covid-19

2 de Junio de 2020

Lo que más se contagia son las ganas de ayudar


Villa Itatí, un lugar donde estar y acompañar es imprescindible

Villa Itatí, ubicada en la localidad Don Bosco de la provincia de Bueos Aires, es un barrio de numerosas familias muy pobres y vulnerables, con carencias de todo tipo. El coronavirus, el dengue, la tuberculosis, la falta de cloacas, de cuidados sanitarios, de agua, de alimentos necesarios y de trabajo ponen al descubierto la precariedad de una vida herida y quebrada, donde se hace difícil vislumbrar una luz de esperanza y de una vida más digna y mejor.

Así lo explicaba hace unas semanas el salesiano Carlos Morena: “La recomendación era quedarse en casa. Pero: ¿en qué casa se quedan los que no tienen casa? ¿Con qué agua se lavan los que no tienen agua? Porque están en situación de calle, o de pasillo, en los barrios más populares y en las villas…”.

Es por eso que junto al equipo decidieron mantener abierto el centro barrial, donde chicos y chicas pueden encontrar una comida y un lugar de contención, extremando las condiciones de higiene. Y que aquellos jóvenes que no tienen dónde pasar la noche puedan hacerlo ahí.

Recién a fines de mayo se han comenzado a hacer los testeos para detectar las personas que padecen el COVID-19. Los resultados comienzan a alarmar y a poner en situación de alerta ante esta epidemia. Después de mucho pedir y ante la presencia de los medios, se aceleró el funcionamiento de las canillas comunitarias de agua potable en distintos lugares de la Villa.

Se formó un Comité de Emergencia Sanitaria con las organizaciones sociales y religiosas del barrio para ayudar con acciones preventivas, del que también los Salesianos forman parte.

Se han multiplicado las ollas populares que surgen de la generosidad de familias que solidariamente ayudan con un plato de comida caliente para sus vecinos. Algunas instituciones, como el Centro de Chicos “Hermana María Luisa” atendido por las Hermanas Franciscanas, los Salesianos y un numeroso grupo de voluntarios, cocinan y reparten viandas diariamente.

Este servicio hace también que se generen gestos y reflejos solidarios caritativos, donde aparecen donaciones anónimas o de empresas y comercios de la zona que colaboran con alimentos y artículos de limpieza. La Providencia siempre está. Sobre todo cuando en muchos días de la semana hay que sumar más platos de comida porque es mayor el número de gente que se acerca porque está necesitada.

“A nuestro grupo de trabajo le ayuda mucho el momento que tenemos, mientras se va cocinando la comida, para tomar un mate cocido, leer la Palabra de Dios y compartir nuestras vivencias, con sus alegrías y dolores, angustias y esperanzas. Nos sentimos familia”, cierra Juan Carlos Romanín.

Fuente de información y fotos: Don Bosco Sur.


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