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28 de Enero de 2019

Vanina vivía en Bahía Blanca hasta que una experiencia misionera le cambió el rumbo: hoy está radicada en Gan Gan, acompañando a niños, niñas y jóvenes. Ver Más

Vanina y su experiencia misionera en Gan Gan

Vanina vivía en Bahía Blanca hasta que una experiencia misionera le cambió el rumbo: hoy está radicada en Gan Gan, acompañando a niños, niñas y jóvenes.

Durante 3 años estuve como voluntaria misionera en la parroquia Nuestra Señora de la Paz de Trelew, a través de la cual acompañamos a los salesianos misioneros P. David García y P. Antonio Sánchez. Ellos viven en Gan Gan y recorren la extensa zona de la meseta central en la Patagonia Norte, una enorme región de muchos pobladores que cuentan con los misioneros como única presencia que los acompaña.

En esa experiencia lo que más me marcó fue recorrer cientos de kilómetros para encontrarnos con muchas personas que están solas y olvidadas. Nuestro aporte como voluntarios fue generar vínculos fraternos con las comunidades originarias, en especial con niños, niñas y jóvenes, con quienes compartimos el día a día.

En la meseta de Gan Gan descubrí muchas dificultades. Una de las principales es el clima, con temperaturas extremas especialmente en invierno. A ello se suma la falta de acceso a servicios básicos, en particular al gas, lo que obliga a manejarse con leña. Así como también hay escasas opciones de atención sanitaria, de educación y trabajo: faltan oportunidades para los jóvenes.

En las comunidades realizábamos oratorios, catequesis, talleres para jóvenes y, las fundamentales y muy esperadas visitas a los pobladores rurales, siempre junto a los misioneros y en pos de la promoción social y la evangelización de cada persona.

Yo vivía en Bahía Blanca con las comodidades cotidianas, pero desde esa Misión mi rumbo de vida cambió. Por eso decidí quedarme y hoy estoy radicada en Gan Gan, acompañando a nuestros hermanos más aislados desde la mirada del Evangelio y con la certeza de que Dios me llamó.

Animo a los jóvenes a dedicar un poco de su tiempo a quienes lo necesitan y a ser testimonio del amor de Dios en medio de los más desprotegidos y olvidados, porque nuestra querida y extensa meseta es un gran pedacito de Reino.


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