“Los jóvenes no nos están hablando, nos están gritando cuáles son sus necesidades”

Así describe Ariel Fresia, actual Procurador salesiano de la Obra de Don Bosco, a los jóvenes de hoy, a quienes entiende como subjetividades en construcción.

Según el experto en Pastoral Juvenil y actual Procurador se trata de términos nuevos para describir el también nuevo y complejo universo juvenil con vistas a conectar con los jóvenes en la actualidad y sintonizar con sus búsquedas vitales. Conoció a los Salesianos por casualidad a los 15 años. Ya tenía inquietudes vocacionales que se convirtieron después en entusiasmo y, al conocer a los coadjutores salesianos, descubrió que era la horma de su zapato y ha dedicado desde entonces su vida a los jóvenes.

Habla de jóvenes errantes mutantes…

Son realidades nuevas que intentamos nombrarlas porque escapan a los marcos teóricos que habitualmente usamos. Antes hablábamos de jóvenes como personas y ahora se prefiere hablar de jóvenes como subjetividades en construcción, el joven no como sujeto ya constituido, finalizado, completo sino como sujeto en construcción.

¿Y lo de la mutación?

La mutación nos ayuda a comprender que las realidades juveniles son siempre cambiantes, incluso a nivel de sus creencias. Los jóvenes creen de una manera diferente a como lo hacemos los adultos. Sobre todo ocurre en sectores de jóvenes urbanos, que crecen sin una necesidad de la pertenencia, al margen de las instituciones, porque generalmente estas encorsetan la pluralidad de juventudes. Por eso, los jóvenes buscan espacios de sociabilidad con el mínimo grado de institucionalización. Mínimos de estructuras y máximos de libertad es lo que buscan, lo que plantea unos enormes desafíos.

¿Es posible que las instituciones se adapten a esta nueva realidad?

Es posible si las instituciones inician procesos de conversión de transformación a partir de la realidad que viven los jóvenes. Hay que pensar formas institucionales flexibles, más abiertas a las necesidades de los jóvenes que a las propias propuestas y objetivos.

¿Se está dando en alguna parte?

Lo he visto en las inspectorías salesianas del Sur, en donde las instituciones son livianas en el sentido de que cambian permanentemente sus proyectos. Estos se realizan para un año y duran lo que duran los jóvenes en ese proyecto. Si los jóvenes desaparecen o no se enganchan, esos proyectos desaparecen, y se desarrollan sin necesidad de construir un edificio de tres pisos sino aprovechando los recursos materiales disponibles. Si el proyecto se sostiene es porque se sostiene la necesidad.

Hablas de los “gritos de los jóvenes”. ¿Cuáles serían?

Los gritos de los jóvenes es una metáfora para aludir a los gozos y las esperanzas de los jóvenes. No nos están hablando, nos están gritando cuáles son sus necesidades. Nos dicen: “Yo necesito, pero no necesito lo que me estás dando”.

Pero los jóvenes experimentan actualmente muchos vacíos que pueden ser cubiertos por las adicciones, por ejemplo…

Ciertamente hay vacíos existenciales en los jóvenes que deben ser llenados y que tienen que ser satisfechos. Cuando ese vacío existencial no lo llena la propuesta pastoral, ni siquiera el vacío de Dios, los cubre el mercado con la propuesta de consumo o la nada misma y vienen las depresiones y los suicidios juveniles, o el delito y la delincuencia, las adicciones…

¿Y por dónde podemos comenzar a cambiar?

El secreto está en conocer las necesidades de los jóvenes sin hacer grandes diagnósticos, pero sí saber lo que necesitan. Movernos junto con ellos, estar en el movimiento de la cultura, que no quiere decir que nos mimeticemos con ellos. El adulto tiene que ser adulto y el joven es joven. Pero en el conocimiento de lo que el joven necesita el adulto puede dar el paso para acercarse, conocer y hacer una propuesta acorde a las necesidades de los chicos y no acorde, en cambio, a lo que vemos o creemos que ellos necesitan. Como decía Don Bosco en su momento, hay que tocar la fibra, porque hay algo incluso en el joven más rebelde por el cual vibra. Don Bosco ha sido un gran sabio al decir que hay que gustar de las cosas de los jóvenes para que ellos gusten de las nuestras.

En los integrantes de nuestras instituciones puede haber resistencias al cambio, ¿cómo impulsarlo?

Es importante el compromiso comunitario por la causa de los jóvenes. Si los jóvenes no están, ¿vamos a seguir esperando a que vengan? Tenemos que salir a buscarlos. En la línea de lo que dice el Papa Francisco, la escuela, las obras sociales, la parroquia, el Movimiento Juvenil Salesiano, el oratorio tienen que ser una tienda de campaña. Los jóvenes son mutantes y nosotros tenemos que ir adonde ellos están. Aun cuando tengamos edificios que no se pueden trasladar, la clave son los proyectos que alimentan la vida de estas instituciones.

¿Cómo pueden emerger nuevas vocaciones en estos jóvenes mutantes y errantes?

Si tenemos una pastoral juvenil para jóvenes mutantes y creyentes errantes, esos jóvenes son los que van a llegar a la pastoral vocacional y van a ser los salesianos del futuro. Y esos jóvenes tendrán el desafío de pensar estructuras renovadas y proyectos que se adecuen a los jóvenes. En la casa de formación hay chicos que tienen tatuajes o piercings y aunque lo dejen de usar, tienen las marcas de la cultura juvenil. El problema es cuando la formación los formatea y el chico que tiene un tatuaje se lo tapa. Es un gran desafío para la pastoral vocacional pensar en estos jóvenes, en sus formas de religiosidad, de compromiso, de celebrar, de la estética diferente que hace a la subjetividad juvenil.

Fuente: https://misionessalesianas.org/revista/septiembre-2017/

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