Menos armas. Más lápices. Más libros

3 de cada 10 jóvenes en zonas de conflictos son analfabetos. Los hacen entrar en una guerra cuando deberían estar en una escuela o participar de un juego.

15 a 24 años. En esa brecha de edad millones de jóvenes empiezan a delinear qué futuro desean vivir: qué van a estudiar, dónde les gustaría trabajar, si van a compartir los días con una pareja.

En ese paso de la adolescencia a la adultez se evalúan opciones, más o menos posibles, mientras se va caminando hacia lo que uno quiere ser y hacer en la vida.

15 a 24 años. En esa brecha de edad millones de jóvenes no tienen esa posibilidad. Como tampoco tuvieron la de estudiar hasta ese momento.

La educación, la otra víctima

Hay países y regiones enteras que llevan años de enfrentamientos, ya sea por guerras civiles, conflictos con otras naciones o disputas entre bandas delictivas internas.

Las consecuencias son muchas, tanto humanas como materiales. Muertos y heridos se suman cada día junto a destrucciones a cada paso. Con una sola sensación volando en el aire: miedo.

Pero también hay otras dos cosas que se pierden en cada conflicto: educación y oportunidades.

Casi 3 de cada 10 jóvenes en zonas de conflictos y desastre son analfabetos, según un informe de la UNESCO sobre 27 países emergentes. Casi 3 de cada 10 puede no darnos una idea muy precisa.

59 millones. Ésos son los chicos y chicas que sufren de esta exclusión. Ese número sí que suena grande y, lamentablemente, lo es.

Ellos tienen entre 15 y 24 años y el presente los obliga a participar de un conflicto sin darles la opción de elegir su futuro.

Níger, Chad, Sudán del Sur y República Centroafricana son los países más afectados por este drama. Pero se trata de una realidad que se hace eco también en América.

“Niños soldado”, como los llama Misiones Salesianas, son jóvenes colombianos que nacen en el seno del conflicto armado entre el Estado y las guerrillas, que en estos días volvió a recrudecer.

En Argentina no hay guerras civiles ni con otro país. Pero sí hay, por ejemplo, narcotráfico. Este negocio ilegal se cobra cientos de vidas y también involucra a muchos jóvenes que, sin otras oportunidades, reciben falsas promesas a cambio de arriesgar sus vidas en beneficio de otros. De ir al colegio, de estudiar, de formarse no se les habla…

La educación se ve fuertemente herida tanto por quienes son obligados a participar del conflicto como los que no pero aún así viven entre destrucción y muerte, lo que hace imposible que se formen.

No sólo se ataca a la educación con balas, sino también con presupuesto. Sólo 3.6 % de los fondos humanitarios se destina a la formación de los jóvenes que viven en situaciones de emergencia, al tiempo que los países incumplen sus compromisos de financiación.

Las manos de un joven no están para sostener un arma, sino lápices y libros. En Colombia, Ciudad Don Bosco recibe a esos “niños soldados” y les brinda contención, formación y futuro.

Y en Argentina, propuestas como Hogares Don Bosco en Buenos Aires y Tejiendo Lazos en Santiago del Estero  son la oportunidad para que esos jóvenes sólo se preocupen por construir el futuro que sueñan. Entre los 15 y 24 años. Y durante el resto de su vida.

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