Un tema que está en el medio: El secundario y la formación para el trabajo

Las cifras oficiales difundidas por el INDEC muestran que la desocupación y la informalidad laboral entre las personas de 18 a 29 años duplican el promedio nacional, que en el caso de la falta de trabajo se ubica hoy alrededor del 9%.

 

Más de la mitad de los desocupados tienen menos de 29 años. En Argentina, la falta de trabajo tiene un triste rostro joven.

Sabemos que desde hace décadas el aparato productivo de nuestro país no genera suficiente empleo para los jóvenes, y que cuando lo hace, ofrece muchas veces puestos provisorios y con bajos salarios. El panorama pareciera ser poco alentador para aquellos jóvenes que, una vez egresados de la escuela media, salen a buscar su primer empleo.

Sin embargo, la educación no deja de ser un importante instrumento para combatir la desigualdad y generar mejores perspectivas de desarrollo personal, profesional y colectivo. Frente a esta situación, son muchas las preguntas que se pueden formular sobre el nivel medio y su capacidad de ser una propuesta con sentido para los jóvenes y que a la vez forme para los desafíos laborales presentes y futuros. Distritos como Río Negro ya se encuentran llevando a cabo nuevos formatos de escuela secundaria, mientras que otros proponen nuevas reformas.

Para abordar estos temas entrevistamos a Alejandra Cardini y Belén Sánchez, codirectora y coordinadora, respectivamente, del programa de Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, Cippec,una organización independiente, apartidaria y sin fines de lucro que trabaja en analizar y promover políticas públicas que fomenten la equidad y el crecimiento en nuestro país.

¿Cómo prepara la escuela media a los jóvenes para el “mundo del trabajo”?

Lo primero que hay que preguntarse es qué significa esa “preparación”. En nuestra opinión, el diseño de la secundaria argentina da cuenta de una concepción restringida de lo que significa formar para el trabajo. La cantidad y calidad de experiencias de aprendizaje de trabajo en equipo, comunicación efectiva e inteligencia emocional quedan muchas veces libradas a las posibilidades e iniciativa de los docentes, muy desiguales a lo largo del territorio. Tampoco hay en todas las jurisdicciones materias orientadas a la formación de una mirada crítica sobre el mundo del trabajo, que fortalezcan a los jóvenes como actores sociales y políticos de su propia inserción laboral.Por su parte, las escuelas técnicas están dirigidas casi exclusivamente al sector industrial. Otros sectores de la economía y la producción —en definitiva, otros “tipos” de trabajo— han quedado relegados. Las habilidades demandadas por el sector productivo varían y un análisis de estas diferencias es clave para pensar mejores articulaciones entre la escuela media y el mundo del trabajo.

“Necesitamos una carrera docente que abra opciones de promoción horizontal y que premie el trabajo interdisciplinario, el aprendizaje entre pares y los proyectos entre escuelas”.

 

Desde 2006, el secundario es obligatorio, pero según un reciente informe de Unicef el 50% de los chicos no lo termina. ¿Cuáles podrían ser algunas causas?

El nivel secundario atraviesa una crisis de sentido, producto de la tensión entre su mandato fundacional,selectivo y elitista, y la creciente masificación del acceso en las últimas décadas. La tasa neta de escolarización era del 42% en 1980, y del 88% en 2014. Según cálculos de CIPPEC, el 39% de los alumnos que asistía al secundario en 2006 era la primera generación que lo hacía en sus familias.

En este contexto, pocos jóvenes le encuentran sentido a la propuesta educativa del nivel medio.Si a esto le sumamos una mirada a la estructura laboral de nuestro país, con altos niveles de precarización y desempleo,para los jóvenes es cada vez más ficticia la promesa de progreso y movilidad social de la educación obligatoria.

Consideramos que los cambios que necesita la secundaria son múltiples. Es importante, por ejemplo,repensar la forma de contratación de sus docentes, que deben acumular muchas horas cátedra —de ser necesario, en distintas escuelas— para alcanzar un salario digno. Además, las horas de trabajo en las que no se desempeñan frente a alumnos no son remuneradas. Creemos necesario avanzar en la contratación de docentes por cargo, garantizando horas pagas para trabajo institucional que permitan afianzar el trabajo en equipo, construir proyectos que atraviesen los límites de las materias y ofrecer a los alumnos espacios de acompañamiento.

¿Qué propuestas se podrían encarar para promover una mejora en las condiciones de trabajo y en el desempeño de los docentes, más allá de la cuestión salarial?

Una de las deudas pendientes es la revisión de la carrera, es decir, del régimen que regula el ejercicio profesional de maestros y profesores desde que acceden por primera vez a un cargo hasta que se retiran. Hoy tenemos una carrera docente diseñada a fines de los años cincuenta, donde la promoción y los aumentos salariales valoran más el paso del tiempo —la “antigüedad”— y la acumulación de cursos aislados que el desempeño en el aula o las instancias de formación más profundas. El desarrollo profesional de los docentes no diferencia entre quienes están frente a los alumnos dando clases y los que se desempeñan en cargos directivos o de supervisión. Hoy el docente que quiere “ascender” no puede hacerlo sin salir del aula.

Necesitamos una carrera que abra opciones de promoción horizontal y que premie el trabajo interdisciplinario, el aprendizaje entre pares y los proyectos entre escuelas. Esto permitiría avanzar hacia la profesionalización de la docencia y volverla una opción más atractiva para los egresados del nivel secundario.

Egresados 2032

“Un chico que ingresa el año próximo a la sala de tres años estará terminando el secundario a comienzos de la década de 2030: probablemente se trate de un mundo muy diferente al de ahora. Por eso es importante que dentro y fuera del Estado se puedan anticipar los problemas del futuro e incorporarlos a la planificación actual. Los ministerios de Educación dedican buena parte de su tiempo y recursos a la atención de urgencias. Desde organizaciones como Cippec intentamos apoyar al Estado elaborando recomendaciones que le permitan anticiparse a los desafíos de formar a los adultos de 2030”, agregan Alejandra Cardini y Belén Sánchez.

 

Por Ezequiel Herrero y Santiago Valdemoros • redaccion@boletinsalesiano.com.ar

Este artículo fue publicado originalmente por el  Boletín Salesiano.

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